El auge de las drogas sintéticas
Las llamadas drogas sintéticas, otro monstruo que crece en el mercado internacional de estupefacientes, se abren paso también en el ámbito local. Su consumo aumentó en la Argentina el 500 por ciento desde 2001 hasta ahora, en particular entre adolescentes y estudiantes secundarios de 14 a 17 años, según la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar).
Estas drogas se fabrican en laboratorios a través de procesos químicos que persiguen efectos psicoactivos como euforia y desinhibición. En nuestro país, las más consumidas son éxtasis, ketamina, popper y GHB (gamma hydroxybutyrate), y si bien no generan una adicción física importante provocan una fuerte dependencia psicológica hasta y causar cuadros clínicos muy graves.
Como denominador común puede decirse que además de los efectos antes mencionados provocan insomnio y anorexia, taquicardia, vasoconstricción y arritmias cardíacas. Una de las preocupaciones más alarmantes en torno al auge de estas drogas es la facilidad con que se venden por Internet. Pero no es el único escollo al momento de combatirlas. Son difíciles de detectar y fáciles de fabricar y traficar: no tienen olor, los perros no las detectan y son similares a cualquier pastilla legal.
Por otro lado, este tipo de estupefacientes también permiten que una sola organización de traficantes controle todo el proceso, desde la producción hasta la venta en la calle. Deja grandes márgenes de ganancias y se pueden fabricar en cualquier lugar a partir de sustancias químicas comerciales.
Las drogas sintéticas llegan a la Argentina especialmente desde Holanda y Bélgica. Están asociadas a las nuevas formas de divertirse y socializarse de las clases media y alta. Su consumo se está extendiendo a la par de la masificación de la música electrónica y de la nueva modalidad impuesta por la juventud consistente en realizar verdaderas maratones musicales.
Hasta el agua mineral que corre a raudales también se relaciona con ese consumo. Por ello, el lugar más habitual de venta y consumo de estas sustancias son los locales bailables, en especial aquellos donde acuden jóvenes de buen nivel adquisitivo, ya que cada pastilla tiene un valor de entre 40 y 50 pesos.
En la última edición del festival Creamfields Buenos Aires, realizado el 11 de noviembre último en la Costanera Sur, la Policía Federal detuvo a 30 personas por tenencia de estupefacientes y se incautó de 300 pastillas de éxtasis, 50 dosis de LSD, 60 dosis de ketamina, varios envoltorios de cocaína, cigarrillos de marihuana y 19 frascos de droga popper. Esto representa el doble de la droga incautada en la misma fiesta de 2005, de acuerdo con un experto en drogas de la Policía Federal.
Entre bailes y fiestas, un riesgoso mercado se expande cada vez más rápido en la Argentina. El Estado no debería avalar fiestas que el mundo entero considera insalubres para los jóvenes.
Será necesario llevar adelante campañas de difusión que alerten a la juventud que hay otro tipo de drogas, además de las tradicionales, que son tan peligrosas o peores que aquéllas, aunque quienes las vendan y distribuyan quieran disfrazarlas de buenas intenciones. No menos importantes serán otras medidas que el Estado puede y debe ejecutar para controlar y poner límites razonables a este tipo de fiestas, en las que el descontrol parece ser el denominador común.
Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/864540
Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
Estas drogas se fabrican en laboratorios a través de procesos químicos que persiguen efectos psicoactivos como euforia y desinhibición. En nuestro país, las más consumidas son éxtasis, ketamina, popper y GHB (gamma hydroxybutyrate), y si bien no generan una adicción física importante provocan una fuerte dependencia psicológica hasta y causar cuadros clínicos muy graves.
Como denominador común puede decirse que además de los efectos antes mencionados provocan insomnio y anorexia, taquicardia, vasoconstricción y arritmias cardíacas. Una de las preocupaciones más alarmantes en torno al auge de estas drogas es la facilidad con que se venden por Internet. Pero no es el único escollo al momento de combatirlas. Son difíciles de detectar y fáciles de fabricar y traficar: no tienen olor, los perros no las detectan y son similares a cualquier pastilla legal.
Por otro lado, este tipo de estupefacientes también permiten que una sola organización de traficantes controle todo el proceso, desde la producción hasta la venta en la calle. Deja grandes márgenes de ganancias y se pueden fabricar en cualquier lugar a partir de sustancias químicas comerciales.
Las drogas sintéticas llegan a la Argentina especialmente desde Holanda y Bélgica. Están asociadas a las nuevas formas de divertirse y socializarse de las clases media y alta. Su consumo se está extendiendo a la par de la masificación de la música electrónica y de la nueva modalidad impuesta por la juventud consistente en realizar verdaderas maratones musicales.
Hasta el agua mineral que corre a raudales también se relaciona con ese consumo. Por ello, el lugar más habitual de venta y consumo de estas sustancias son los locales bailables, en especial aquellos donde acuden jóvenes de buen nivel adquisitivo, ya que cada pastilla tiene un valor de entre 40 y 50 pesos.
En la última edición del festival Creamfields Buenos Aires, realizado el 11 de noviembre último en la Costanera Sur, la Policía Federal detuvo a 30 personas por tenencia de estupefacientes y se incautó de 300 pastillas de éxtasis, 50 dosis de LSD, 60 dosis de ketamina, varios envoltorios de cocaína, cigarrillos de marihuana y 19 frascos de droga popper. Esto representa el doble de la droga incautada en la misma fiesta de 2005, de acuerdo con un experto en drogas de la Policía Federal.
Entre bailes y fiestas, un riesgoso mercado se expande cada vez más rápido en la Argentina. El Estado no debería avalar fiestas que el mundo entero considera insalubres para los jóvenes.
Será necesario llevar adelante campañas de difusión que alerten a la juventud que hay otro tipo de drogas, además de las tradicionales, que son tan peligrosas o peores que aquéllas, aunque quienes las vendan y distribuyan quieran disfrazarlas de buenas intenciones. No menos importantes serán otras medidas que el Estado puede y debe ejecutar para controlar y poner límites razonables a este tipo de fiestas, en las que el descontrol parece ser el denominador común.
Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/864540
Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
Etiquetas: 200612
Ver Publicaciones Recientes
Si quieres recibir por mail publicaciones de esta pagina " click aqui |
|
|

Enlaces a esta entrada:
Crear un enlace
<< Página principal