El alcoholismo podría tener una causa genética, según un estudio
Un menor nivel de beta-endorfinas se relaciona con la predisposición a desarrollar una adicción al alcohol.
Granada, 7 septiembre 2006 (mpg/azprensa.com)
‘Alcoholismo y drogadicción’ es el nombre del grupo de investigación de la Universidad de Granada autor de un estudio que demuestra la predisposición genética en el desarrollo del alcoholismo y apunta como causa genética del mismo a la deficiencia de endorfinas. Concretamente, la investigación afirma que los bajos niveles de beta-endorfina (una especie de morfina que produce el propio cuerpo como respuesta al dolor) están relacionados con la presencia de alcoholismo crónico.
“Este bajo nivel de endorfinas condiciona el hábito alcohólico”, explicó el catedrático de Medicina y responsable del grupo investigador, José Rico Irles, que añadió que “el riesgo es debido a que cuando el cerebro detiene su producción de beta-endorfinas, éste se acostumbra a la presencia de los excedentes y comienza a depender cada vez más de la fuente externa: el alcohol”.
El estudio se ha basado en el análisis de estos niveles en 200 familias granadinas en las que al menos uno de los progenitores era alcohólico crónico. Así, se comprobó que los hijos de estas personas presentaban unos niveles de beta-endorfinas inferiores a los de cualquier persona de su misma edad. Los científicos explicaron que, aunque el alcohol no afecta de la misma manera a todas las personas, estas diferencias en la presencia de endorfinas hacen de estos individuos personas más sensibles al alcohol y, por lo tanto, más susceptibles a desarrollar alcoholismo.
http://www.azprensa.com
Granada, 7 septiembre 2006 (mpg/azprensa.com)
‘Alcoholismo y drogadicción’ es el nombre del grupo de investigación de la Universidad de Granada autor de un estudio que demuestra la predisposición genética en el desarrollo del alcoholismo y apunta como causa genética del mismo a la deficiencia de endorfinas. Concretamente, la investigación afirma que los bajos niveles de beta-endorfina (una especie de morfina que produce el propio cuerpo como respuesta al dolor) están relacionados con la presencia de alcoholismo crónico.
“Este bajo nivel de endorfinas condiciona el hábito alcohólico”, explicó el catedrático de Medicina y responsable del grupo investigador, José Rico Irles, que añadió que “el riesgo es debido a que cuando el cerebro detiene su producción de beta-endorfinas, éste se acostumbra a la presencia de los excedentes y comienza a depender cada vez más de la fuente externa: el alcohol”.
El estudio se ha basado en el análisis de estos niveles en 200 familias granadinas en las que al menos uno de los progenitores era alcohólico crónico. Así, se comprobó que los hijos de estas personas presentaban unos niveles de beta-endorfinas inferiores a los de cualquier persona de su misma edad. Los científicos explicaron que, aunque el alcohol no afecta de la misma manera a todas las personas, estas diferencias en la presencia de endorfinas hacen de estos individuos personas más sensibles al alcohol y, por lo tanto, más susceptibles a desarrollar alcoholismo.
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